Las Reglas de Oro en la higiene de los vestuarios públicos

In Espacios saludables, Higiene profesional by entorno saludableLeave a Comment

Los vestuarios de los recintos deportivos públicos (gimnasios, pabellones, piscinas, pistas de entrenamiento…) son uno de los espacios comunitarios en los que más importante es mantener una higiene perfecta y constante, pero, al mismo tiempo, lamentablemente es muy habitual encontrarnos a diario con recintos que no cumplen los mínimos estándares exigibles. Los vestuarios son uno de los lugares con mayor riesgo de contagio de enfermedades, ya que factores como la humedad, la ropa sucia, las altas temperaturas y la presencia de sustratos biológicos son un caldo de cultivo ideal para infecciones, virus, hongos, etc. Todo ello convierte en esencial un cuidado exhaustivo de estos entornos, ya que la enorme cantidad de usuarios diferentes que pasa por allí multiplica exponencialmente las posibilidades de propagación de enfermedades provocadas por una higiene deficiente.

No son pocas las veces en las que el mal aspecto de un vestuario nos ha hecho desistir de nuestro intento de tomar una ducha reconfortante después de una intensa sesión de ejercicio físico. Otras veces, sin embargo, un vestuario nos puede parecer impecablemente limpio cuando en realidad no lo está. Así pues, ¿cuáles son los aspectos básicos que debemos tener en cuenta a la hora de afrontar globalmente la higiene de estas dependencias?

En primer lugar, tanto los vestuarios como los aseos tienen que estar perfectamente diferenciados por sexo, y tanto el número de duchas como de taquillas debe estar relacionado con el aforo y la superficie del local. Además de la pertinente desinfección periódica, en vestuarios cubiertos hace falta que estén convenientemente ventilados mediante extractor. Ahora bien: la parte más importante es, sin lugar a dudas, el suelo. Éste ha de ser siempre impermeable, antideslizante, resistente a la acción de ácidos y no absorbente, además de incluir una pendiente del 3% para facilitar la evacuación de aguas al desagüe. La mayoría de enfermedades transmitidas en los vestuarios tienen que ver con las aguas estancadas y la insalubridad del suelo (siendo los pies y los oídos los órganos más sensibles). Por eso también debemos facilitar su limpieza haciendo que las taquillas, armarios y bancos no tengan patas que impidan una higiene rápida y a fondo. Las paredes, por su parte, deben estar revestidas con gres o cerámica esmaltada y ser resistentes al lavado con detergentes.

CONSEJO EFEBÉ

Los vestuarios son uno de los espacios más susceptibles de generar problemas de salubridad si no mantenemos una dedicación intensiva y profesional en su higiene. Pero además de una buena higiene, debemos tener en cuenta cómo éstos están estructurados. A veces, no solo basta con adaptarse a la normativa sino que es necesario buscar soluciones en cuanto a su distribución con el objetivo de hacer de ellos espacios confortables y que faciliten la limpieza.

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